1938 fue, en todas las latitudes, un año de vertiginosa ofensiva del nazismo con la complicidad de Occidente.
El 13 de marzo de ese año,
Había euforia en Berlín. Los judíos extranjeros eran deportados en masa y los nacidos en Alemania sufrían cada vez más persecuciones.
Los diarios alemanes, como "Der Angrif" (El Ataque), hablaban de la "derrota del judaísmo internacional".
Era el avance del hitlerismo y nadie hacía nada. Hoy lo llamaríamos impunidad.
En Francia vivía refugiado un joven judío polaco llamado Herszel Grinszpan. Tenía 17 años. Sus familiares habían sido transladados de Alemania a Polonia. Su padre le escribió a París el 31 de octubre de 1938 desde el campo de concentración de Sbonszyn, en la frontera polaco-alemana. Allí, en esa carta, hacía una impresionante descripción de las condiciones miserables en las que vivía con otros judíos como él: "Solamente tenemos lo que llevamos puesto. No conocemos otra cosa que la humillación".
En ese clima, Herszel Grinszpan, angustiado por la creciente hostilidad antijudia, decidió hacer algo para despertar la atención del mundo. Y en la mañana del 7 de noviembre logró dispararle a uno de los diplomáticos, Von Rath, de la embajada alemana.
Lo que sucedió después es muy conocido y entró en la historia bajo la simplificada denominación de "Kristallnacht" (La noche de los cristales).
Los alemanes, que ya tenían minuciosamente preparado el pogrom de antemano, tomaron este acto justiciero del joven Grinszpan como pretexto para desencadenar sus matanzas. En una sola noche las tropas de asalto "SS" mataron unos doscientos judíos y más de 30.000 fueron enviados a la cárcel o a los campos de concentración que los alemanes habían puesto en funcionamiento prácticamente desde principios de la era nazi: Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen. También fueron destruidos 191 templos.
Si nos detuviéramos a analizar en qué andaban los que entonces calificaban a Grinszpan de "irresponsable" (eso incluye a buena parte del liderazgo judío, a algunos sectores de la izquierda y a la totalidad de la jerarquía católica), se podrá deducir no con demasiado esfuerzo quiénes eran en realidad los verdaderos "irresponsables".
Todo esto pasó hace 65 años. La prensa conservadora de París, en vez de arremeter contra los nazis, se ensañó con sus víctimas. Y pidió medidas de vigilancia hacia los judíos mientras aumentaba el antisemitismo en toda Francia.
En Brasil, Getulio Vargas celebraba el primer aniversario del "Estado novo", erigido sobre el modelo fascista.
En España Franco, con ayuda de Hitler y Mussolini, se mostraba eufórico por el segundo aniversario del asedio a Madrid, mientras los republicanos, en condiciones dramáticamente desiguales, resistían al grito de "no pasarán".
En Roma, el Duce recibía, en reunión secreta, al embajador argentino, doctor Manuel M. Malbrán, quien, en posteriores declaraciones a la prensa, exaltaría "las profundas coincidencias que existen hoy en día entre Argentina e Italia, unidos por ideales comunes".
En Salzburgo (Austria), el jefe nazi, doctor Rainer, declaraba solemnemente que esa ciudad había quedado "juden-rein", limpia de judíos. Eran los días en que un nombre ilustre como Sigmund Freud, ya octogenario y después de toda una vida de residencia en Viena donde había producido sus revolucionarias contribuciones a la ciencia psicoanalítica, debía abandonar su tierra natal de la noche a la mañana.
El diario "
En Berlín, ante la desesperación de los judíos que anhelaban huir como fuera, el consulado argentino -el consulado de nuestro país que algún humorista calificó de hospitalario- colocó el siguiente cartel en la puerta de calle:
"Solamente los granjeros con varios años de experiencia tendrán alguna posibilidad de obtener el visado de sus pasaportes".
Y en Buenos Aires, ante una virulenta manifestación por
Ninguno de los tres se dio por aludido. Y la comunidad judía sólo recibió una muy escueta comunicación del secretario del presidente, Luís A. Barberis: "Por encargo del Excelentísimo Sr. Presidente hágole saber que su telegrama ha sido pasado a sus efectos al Ministerio del Interior".
El ascético mensaje de circunstancias suscripto por el colaborador de Ortiz revelaba claramente que nunca se iba a hacer nada para parar la marea nazi en
En el resto del mundo, en aquel ´38 sangriento, el antisemitismo, el prejuicio o la abierta hostilidad hacia los judíos, no eran muy diferentes.
La cuota que regia en los Estados Unidos para los judíos perseguidos era de 27.000 por año. Y, como ya esa cifra había sido colmada muy rápidamente, el gobierno norteamericano de Franklin Delano Roosevelt (a quien, paradojalmente, los nazis de todo el mundo solían calificar como un "agente judío y comunista") prohibió la entrada de judíos que huían de Alemania. En buena parte del planeta ocurrió otro tanto. Y hasta Francia cerró sus fronteras a los judíos por temor a que apareciera "otro Grinszpan".
Mientras tanto en Washington, la policía reprimió violentamente un intento de las organizaciones sindicales de hacer un acto de repudio frente a la embajada alemana, ya que la derecha norteamericana -que se etiquetaba a sí misma como "neutralista" para esconder su filonazismo- todavía ejercía gran influencia para impedir cualquier inclinación de los Estados Unidos hacia la trinchera antifascista.
(Esa misma derecha recién se vería obligada a guardar silencio a partir del 7 de diciembre de 1941 con el bombardeo de Japón, aliado de Hitler, a Pearl Harbor. Esa misma derecha, que tuvo que aguantar con los puños crispados la alianza con
También en Buenos Aires (donde el régimen no ocultaba en 1938 su preocupación por el auge de las movilizaciones multitudinarias de las organizaciones de izquierda y la proliferación de huelgas activas como las que produjo por decenas el gremio de los trabajadores de la construcción) se prohibieron las manifestaciones en la calle, pero no en lugares cerrados.
La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que en el año anterior había sido fundada por Lisandro de
Hubo 30 mil personas: 15 mil adentro y 15 mil afuera. Judíos y no judíos. Obreros, estudiantes y clase media.
Hablaron, entre otros, el propio De
La gigantesca asamblea, por aclamación, resolvió condenar las leyes y medidas discriminatorias legales, exigiendo al mismo tiempo del gobierno de Ortiz la abolición de las restricciones a la inmigración (que esencialmente se aplicaba a los judíos) y la liberalización del derecho de asilo.
También hubo actos en
La DAIA, que se había limitado a realizar un pequeño acto en el templo de
NO AL INGRESO DE JUDÍOS
Luego de la anexión de Austria por parte de los hitleristas, los nazis locales -austriacos y alemanes- organizaron un gran festejo en el Club Alemán al que asistieron unas 3500 personas.
El "Landesgruppe", la organización nazi encargada de estrechar los vínculos entre el Tercer Reich y los alemanes de ultramar, intentó en marzo sumar a los germanos de Argentina al plebiscito organizado por Hitler para avalar el "anschluss" (anexión) de Austria a Alemania, pero fracasaron ante la decidida acción de los sectores antifascistas.
En cambio tuvieron éxito el 10 de abril al realizar un gigantesco acto en el Luna Park de adhesión al nazismo, donde concurrieron más de 20000 personas con gran despliegue de banderas con la cruz svástica y una abundante vocinglería contra los judíos, los comunistas y la francmasonería.
A ese acto asistió nada menos que el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel A. Fresco, acompañado por su ministro de Gobierno, Roberto J. Noble, el mismo personaje que siete años después, en 1945, fundaría el diario "Clarín".
Ambos -Fresco y Noble- no ocultaban sus simpatías por las potencias del Eje (en alguna nota anterior recordamos el panegírico que Noble publicó sobre el Duce); y ambos, el año anterior, en 1937, habían producido la clausura de las escuelas obreras judías que existían en algunos lugares de la campaña bonaerense, apoyando además a los grupos de choque fascistas que realizaban tropelías en los barrios de
Manuel A. Fresco, un conservador heterodoxo que tenia veleidades populistas, logró manipular bajo su égida a algunos de los sindicalistas más venales. El 8 de julio de 1936 logró no pasar indiferente ante los lectores de "
Inmediatamente se dedicó a luchar "contra el capitalismo judío, ateo y comunista" y el 1º de mayo de 1942 presidió un acto organizado por los nazis de
Pero volvamos a los nazis alemanes que, por muchos años, se pasearon impunemente por buena parte de los intersticios de nuestro país.
El 27 de abril de 1938, diecisiete días después de aquel exitoso acto del Luna Park, los alemanes de
El objetivo era generar una gran demostración de fuerza de los hitleristas alemanes residentes en esta parte del mundo.
Las juventudes de izquierda -especialmente
El gobierno argentino -tal como había ocurrido en oportunidades anteriores- pidió disculpas a la embajada alemana, y, de acuerdo a lo que informó Andrés Horacio Reggiani en un excelente trabajo publicado en el número 376 de "Todo es historia", días mas tarde "y para mayor indignación de las organizaciones antifascistas, la policía reprimió con violencia a varios miles de españoles que marcharon para conmemorar el aniversario de
No era fácil en aquellos días de la "década infame", ganar las calles argentinas para repudiar a Hitler, Mussolini o Franco.
El presidente Ortiz -catalogado como profundamente proinglés por algunos historiadores, lo que era cierto porque su candidatura se pergeñó en los salones de
El ya citado Reggiani, con respecto a la condescendencia del gobierno de nuestro país hacia las atrocidades nazis de allí y de aquí, conjeturó que "probablemente el antisemitismo vernáculo jugó su parte en esta falta de respuesta, pero
Pero Ortiz estaba muy enfermo y, además, era despreciado por la ultraderecha que descreía de la "partidocracia" y pedía a gritos un gobierno de "mano dura con los comunistas subversivos y la plutocracia judía" al estilo de las potencias fascistas que, en ese momento, aún venían arrollando en Europa.
Ortiz, que trató de conformar a la poderosa derecha argentina aceptando sus exigencias de declarar la neutralidad del país frente a lo que sucedía en el Viejo Continente, ya no podía más con su diabetes crónica que muy poco tiempo después lo llevaría a la tumba. Y tampoco podía más frente a la decisión de instituciones gravitantes como las fuerzas armadas y
En ese clima, con su salud destruida -estaba prácticamente ciego- y su impotencia y falta de vocación para detener el avance fascista en nuestro medio, Ortiz, el 3 de julio de 1940, delegó el mando en su vicepresidente, Ramón S. Castillo.
Los nacionalistas de derecha que, como Ramón Doll, solían alertar sobre la "sífilis judaica" (expresión que utilizó, por ejemplo, en el libro "Hacia la liberación", publicado en Buenos Aires por
Ortiz no era confiable y Castillo al menos no estaba tan lejos de ellos. Los nacionalistas de derecha e inclusive un hitlerista hasta los huesos como Manuel A. Fresco, consideraban que la neutralidad era un buen negocio para
Castillo (1873-1944), abogado catamarqueño fuertemente ligado a los feudales del noroeste argentino como Robustiano Patrón Costas, era abiertamente fascista y, durante su gestión (que terminó al estallar el golpe del 4 de junio de 1943, cuando los coroneles del GOU ya no lo consideraban una garantía suficiente), no sólo se prohibió la película de Chaplín "El gran dictador" y se persiguió a las organizaciones judías sospechosas de simpatizar con el "marxismo", sino que también fue una etapa de máximo esplendor para los grupos nazis.
En esos años de neutralismo pronazi de Castillo, Manuel A. Fresco llegó a concretar
En estos últimos párrafos estamos hablando de los tres primeros años de la década del cuarenta, cuando Ortiz dejó el mando y el conservador fascista Ra-món S. Castillo fue presidente hasta el golpe del 4-VI-43. Pero volvamos otra vez a 1938, es decir a los días de la "Kristallnacht".
La ultraderecha argentina -en el gobierno, en las fuerzas armadas, en
Una de las publicaciones católicas más influyentes de la época fue "Criterio" que, en 1938, era ya prácticamente un semanario oficioso de
Fundada en marzo de 1938, su primer director fue Atilio Dell´Oro Maini, el mismo personaje que, veintisiete años después, en septiembre del ´55, fuera designado por el gobierno del general Eduardo Lonardi como titular del Ministerio de Educación, desde donde emprendió una agresiva campaña a favor da la enseñanza católica en las escuelas.
Cuando fue depuesto el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen (6-IX-30), "Criterio" dio la bienvenida al golpe "no sólo porque Yrigoyen había resultado un presidente funesto sino porque había sido elegido popularmente para el cargo" ("Criterio", 9-IX-30, pagina 461).
En esos días, de inequívoca vocación elitista para
Pero "Criterio", a medida que avanzaba la década del treinta, caería en manos de un obispo -monseñor Gustavo J. Franceschi-, que entremezcló la línea derechista y antijudia con un pretencioso barniz intelectual.
Fue justamente bajo la conducción de Franceschi, que "Criterio" no ocultó su aversión por los judíos en aquellos momentos en que arreciaban las matanzas y las depredaciones antisemitas en
Algún día quizás publicaremos una antología completa de todos los escritos antisemitas de "Criterio" pergeñados en sus muchos años de revista prejuiciosa y racista. Pero hoy nos limitaremos a ofrecer solo algunas ejemplificaciones exclusivamente del año ´38, no sólo porque era la época de "La noche de los cristales" sino también porque, de algún modo, se desprende de sus páginas la posición oficial de un organismo férreamente disciplinado y vertical como
E
14-IV-38 (PAGINAS 433 Y 434): "El pueblo judío, desde que rehúsa al verdadero Mesías, jugará fatalmente en el mundo un papel de subversión" (...). "No debemos olvidarnos de los agravios inferidos al cristianismo por la rabia judaica" (...). "El 23 de febrero del año 155 hubo una gran fiesta sabática en Esmirna y, al ser condenado San Poli carpo al suplicio del fuego lento, eran justamente los judíos los que con más saña atizaban el fuego" (...). "Fueron los judíos los que, en alianza con la francmasonería, hicieron
21-IV-38 (PAGINAS 456, 457 Y 458): "El judaísmo ha sido y es una potencia revolucionaria que en tanta página de la historia ha dejado las huellas de sus tremendos arañazos" (...). "El judío es ante todo un hombre a quien hay que convertir, desentelarañándole primero sus prejuicios político-religiosos" (...). "Hay que meditar sobre el origen histórico del cristianismo y el criminal gesto de Israel" (...). "Recordemos las bulas papales que hablan de la impía perfidia de los judíos, la antigua perversidad de los judíos, la perfidia endurecida de los judíos, la malicia de los hebreos" (...). "Ya los papas intervinieron antiguamente para ponerle restricciones a los judíos y a sus actividades peligrosas" (...). "El odio a los judíos es una autodefensa justa de los cristianos".
12-V-38 (PAGINAS 41, 42 Y 43): "No andan descaminados quienes ven en el judaísmo, en su ´oro´ y en su ´Kahal´, la más terrible de las amenazas contra los estados cristianos y contra el orden nacional" (...). "La raza que prestó al Hijo de Dios su carne y su sangre y pidió luego su cuerpo para crucificarlo, castigada por Dios a vagar por el mundo, sin patria y sin rey, en la espera de la salvación final, está hoy coaligada, por haberse afincado en una absurda obsesión político-religiosa, para la ruina de la sociedad cristiana" (...). "Con su secular tradición talmúdica se ubican en la cancha extranjera para judaizarlo todo y para acapararlo todo con sus garras económicas" (...). "El antisemitismo no es la absurda persecución contra unos pobres seres indefensos, sino que es una reacción lógica del mundo cristiano".
26-V-38 (PAGINAS 91, 92 Y 93): "El italiano, el español, el alemán o el francés son en nuestro medio social fácilmente reductibles. ¿Podemos afirmar lo mismo con respecto a la inmigración judía, que ya en nuestro país sobrepasa el medio millón? Las estadísticas y la realidad toda de la existencia del judío inmigrante revelan su completa, su agresiva inadaptabilidad, tal como un peligroso microorganismo que ha formado esporo y que vive a expensas del organismo que debilita hasta matarle. Corresponde, pues, dosificar la inmigración judía".
7-VI-38 (PAGINAS 232 Y 233): "Se ataca al nazismo con encono y se lo califica con expresiones ofensivas a veces brutales: los israelitas exageran su pintura de la crueldad con que se los persigue en Alemania" (...). "A los judíos no los quieren en ninguna parte.”
11-VI-38 (PAGINAS 368 Y 369): "El Comité contra el Racismo y el Antisemitismo es una cueva de racistas e izquierdistas perniciosos proclives a la subversión revolucionaria".
25-VIII-38 (PAGINAS 416 Y 417): "Está bien no ser antisemita y los cristianos no pueden ni deben serlo; pero hay que tener en cuenta, al mimo tiempo, que las cosas son como son y no como quisiéramos que fuesen. Y si la masa de judíos actúa como disolvente y subversiva en nuestra sociedad -que no los persigue ni molesta sino al contrario-, la sociedad velará por su propia existencia defendiéndose de ellos" (...). "El matutino ´El Diario´ publica burlas y blasfemias anticristianas. La propiedad, la dirección y casi toda la redacción de ´El Diario´ son judíos, cuya circunstancia lo explica todo, porque, como escribe Maritain, débese esperar de los judíos muy otra cosa que un apego real al bien común de la civilización occidental y cristiana".
15-IX-38 (PAGINAS 71 Y 72): "El Tercer Reich es uno de los más enérgicos adversarios de
13-X-38 (PAGINAS 169 Y 170): "Que el gobierno fascista de Italia haya resuelto encarar en forma decidida la solución del problema judío, aunque este problema no ofrezca problemas agudos en la península, es cosa explicable y hasta justificable. En otras palabras, el gobierno italiano tiene derecho, dentro de su ámbito, a prohibir la inmigración hebrea, a expulsar judíos de su territorio, a impedir que estos ocupen más posiciones públicas que las que proporcionalmente a la población general del país pueden corresponderles; a adoptar, en suma, todas las providencias políticas, culturales y económicas que sean necesarias para una justa defensa de la sociedad de cuyo bien es responsable. Corresponde entonces recortar también aquí, y de inmediato, el ingreso al país de inmigrantes hebreos".
Hasta aquí el verbo feroz de "Criterio", que era la expresión oficiosa y más influyente de
Varias décadas después, "Criterio" decidió girar 180 grados y se convirtió en un "sincero amigo del pueblo judío". Y su director, monseñor Gustavo J. Franceschi, llegó a viajar a Israel invitado por su gobierno (como pasó con otros antisemitas en años posteriores, verbigracia Enrique Llamas de Madariaga) e inclusive habló, en mayo de 1956 en el cine Ocean de la calle Lavalle, en un acto multipartidario de solidaridad con el Estado judío donde también hicieron uso de la palabra, entre otros, Alicia Moreau de Justo y Oscar Alende.
Pero el papel sombrío de "Criterio" en los años en que allá gaseaban a los judíos en Auschwitz y acá los fascistas proponían cosas parecidas, no es posible borrarlo con el codo. Más allá de los olvidadizos y de la retahíla de oportunistas que siempre priorizan la sagrada "real-politik"..
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